7. Cayuco, el niño que soñaba con cruzar el mar

“Yo aquí me muero, mi familia se muere, me gustaría ir en avión y con visado, pero eso es difícil, así que iré en cayuco”.
Para los europeos las pateras no son más que un minuto de telediario, unas cuantas secuencias desagradables y extrañas, una locura. Muchos africanos, por el contrario, se las figuran como vehículos de entrada a un supuesto paraíso, un peaje necesario hacia el edén que les permita rescatar a su familia de una vida imposible.
Cayuco, un documental dirigido por María Miró a instancias del Centro Europeo de Estudios sobre Flujos Migratorios, nace con la intención de desmontar unas y otras preconcepciones narrando de la mano de los protagonistas un viaje desde la extrema pobreza de los poblados africanos hasta la decepción de los centros de internamiento en Canarias. “Cuando a los inmigrantes se les despliega el mapa de las islas y ven cómo son y lo lejos que están del continente se quedan espantados”, comenta Manuel Ferrer, coordinador del Centro de Estudios.
Su intención inicial era realizar un programa de televisión, pero las dificultades del proyecto les llevaron a optar por un documental cuya producción ha durado un año entero. “Nos dirigimos al centro de menores de Arinaga, que se convirtió en nuestro fortín. Allí nos encontramos con niños con historias muy bonitas e ilusionados porque sus padres pudieran verles y participar”.
Así, el documental se dirige a las localidades de origen, sobre todo en Mauritania y Senegal, para narrar no sólo las vicisitudes de quienes han llegado, sino también los miedos y esperanzas de quienes dejan atrás, o las dudas de aquellos que se plantean seguir su ejemplo.
¿Papeles?, ¿qué es eso?
Según Ferrer, hay una decepción total de quienes llegan con respecto a las expectativas que se habían formado. “La mayoría, por ejemplo, no entienden que necesiten papeles para trabajar, no pueden creerlo, incluso a veces piensan que les estás engañando”. No obstante y, a pesar de las dificultades, “lo peor que les puede pasar es que les devuelvan a su país”. Y es que después de haber invertido los ahorros de toda su vida e incluso parte de los de su familia en un viaje que puede costarles entre 3.000 y 4.000 euros “no pueden permitirse regresar ante su familia con las manos vacías”.
Inmersos quizá por primera vez en la dureza de las experiencias que se dan a conocer en Cayuco , Ferrer cuenta que los espectadores europeos que ven el documental suelen llorar. “Muestra la pobreza extrema de estas personas, a cualquiera que no haya estado nunca en estos lugares se le cae el alma a los pies”. “Algo tenía que pasar, vivir o morir, pero no puedes quedarte cuando todos tus amigos se han ido”, concluye un menor internado en un centro de menores en Gran Canaria. Cerca de un 10% de los que emprenden el peligroso viaje son niños.
Por Diana García Bujarrabal
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