4. La batalla de los niños: integración escolar

No comprenden el idioma en que les hablan, no conocen a nadie en el colegio, sus compañeros no son de su edad y, para postre, en el comedor les ponen alimentos prohibidos por su religión.
La situación descrita puede darse con frecuencia en un niño, hijo de inmigrantes, que acaba de ser escolarizado en un centro español, por vez primera. La diversidad de casos es tan tremenda que no se pueden ofrecer unas pautas comunes, definitorias de la situación de estos niños. Sin embargo, sí merece la pena resaltar los aspectos más difíciles de superar para ellos, o que más les pueden condicionar en su adaptación. Sobre todo, para que sean tenidos en cuenta tanto por profesionales de la educación , como por los compañeros de clase y los padres de estos, que podrán facilitar enormemente el proceso por el que pasan Los niños que llegan a un nuevo sistema educativo, completamente diferente.
¿A qué tienen que enfrentarse?
El nivel académico que trae el alumno le va a determinar tanto para poder incluirle o no en un grupo de su misma edad, como para la comprensión de los conocimientos explicados en clase. En muchos casos, las repeticiones de curso se reiteran en un mismo niño (con las consiguientes readaptaciones a su grupo de iguales). Hay que tener en cuenta que este factor, como tantos otros, no es idéntico en todos los casos. De hecho, mientras en Rumania y China el nivel de exigencia curricular es mayor que en España, con los países latinoamericanos ocurre lo contrario.
Incluso la ordenación de los ciclos académicos es diferente según el país de procedencia. La escolarización obligatoria comienza un año más tarde en Rumania y Filipinas, lo que desiguala las edades escolares con la española. También la jornada es un ejemplo de dificultad en la integración a la nueva situación escolar , que en países como Ecuador es continua. Estar hasta las cinco de la tarde en el centro resulta muy cansado para los alumnos procedentes de este país. Cada cambio es un esfuerzo añadido para hacerse con una situación nueva, en ocasiones, en demasiados factores.
Por otra parte, sólo un porcentaje de los niños inmigrantes tienen el castellano como idioma propio. E incluso en los casos en que esta lengua es compartida, como ocurre con los países latinoamericanos, el modo de hablar que escuchan resulta excesivamente rápido y alto para ellos, lo que les condiciona la comprensión.
Según afirma un estudio sobre los menores de origen extranjero escolarizados en Madrid, realizado por la Universidad de Comillas, la autoestima está estrechamente ligada a la demostración del rendimiento académico. Y esto va a influir en todos los ámbitos en los que se desenvuelva el niño. Por ello, es muy necesario que el intento por paliar las diferencias con su sistema de origen sea efectivo.
El nuevo alumno se puede encontrar también con choques culturales y sociales, como la diferencia en el grado de disciplina y rigidez en el aula, o el rol del profesorado. En países como Rumania o China aún se utiliza el castigo físico y la estigmatización del bajo rendimiento escolar. En este sentido, sorprende a los niños de otros países, de modo general, la falta de respeto que existe en España ante la figura del educador. Sin embargo, este hecho no implica que el niño extranjero mantenga las conductas que aprendió como adecuadas en su país, y acaba haciéndose eco del comportamiento de sus compañeros. Del mismo modo, su religión es, en muchos casos, absolutamente minorista aquí. No la enseñan en centro escolar alguno, incluso cuesta trabajo conseguir adaptar el menú del comedor a sus alimentos prohibidos, aunque existen algunas medidas en este sentido.

La solución, en mano de todos
La forma de disminuir la brecha creada por los aspectos mencionados y tantos otros, es el fomento de herramientas educativas de integración como son las aulas de enlace (en las que los niños están un tiempo antes de entrar en el aula definitiva) o los programas de interculturalidad. Las clases de apoyo escolar son otra medida compensatoria de las diferencias curriculares. Lo que ocurre es que no todos los centros de primaria las ofrecen y, además, el criterio de asistencia no se basa, en ocasiones, en el mayor grado de necesidad, sino en cubrir con ellas el desfase entre la jornada escolar y el largo horario laboral que los padres inmigrantes suelen tener.
Como alternativa a los centros reglados, existen diversas asociaciones que ofrecen ayudas específicas para los colectivos inmigrantes: clases de español, apoyo escolar, talleres, actividades lúdicas interculturales, etc. En ellas todos los miembros de la familia encuentran posibilidades de apoyo y un grupo de referencia al que dirigirse. Hablamos con la asistente social del centro C.A.S.I. del distrito de Ciudad Lineal, Julia Almeida, quien nos hizo una puntualización específica, desde su experiencia en este campo:
“ Como denuncia, el vacío de recursos que se da cuando los chicos llegan más allá de la edad de escolarización obligatoria, con documentación o sin ella, para quienes las puertas se cierran considerablemente. Si no tienen documentación no pueden acceder al sistema educativo reglado (hay una sentencia del Tribunal Constitucional que supone un cambio al respecto pero que aún o se ve materializada). Si tienen documentación, pueden acceder pero no hay plazos extraordinarios ni proyectos o programas de adaptación,…tampoco pueden acceder al mercado de trabajo sin oferta de empleo, salvo el caso de comunitarios…”.
Como de costumbre, hay mucho por hacer. La intención de este repaso aproximador a la situación real de los chavales reagrupados, es la concienciación y sensibilización de todos, que vivimos esta situación desde una distancia u otra. Efectivamente, todos tenemos que ver con lo que ocurre a nuestro alrededor. Cualquier apoyo, colaboración, voluntariado o mayor comprensión, aportan más de lo que creemos. Que la información cree empatía. Pongámoselo fácil.
Por Estela Álvarez Baraza
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