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Igualdad de derechos y oportunidades + apoyo humano + diversidad + tolerancia + cambio social + reciprocidad + multiculturalidad
BOLETÍN ELECTRÓNICO Nº 4 NOVIEMBRE DE 2008
SUMARIO

Editorial: Derecho a manifestarse... ¿para todos?
    »  Manifiesto por la reparación de África
1.¿Quien es la Doctora Imelda Mansaray?
   Una pequeña historia sobre una persona, una familia y un recinto.
2. Pasión por aprender
3. El paro: la crisis ofrece espacio para la repulsa a la inmigración
4. Desmontado el mito occidental de la homogeneidad cultural
5. Sudáfrica, un país en ebullición
    Foro Humanista Europeo - La Fuerza de la No-violencia
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homogeneidad cultural Desmontado el mito occidental de la homogeneidad cultural

Debido al problema conceptual que vive la sociedad occidental conviene aclarar que la palabra integración invita diferentes interpretaciones según como cada sociedad receptora pretenda aceptar el grado de inclusión de la población inmigrante, algo que se encuentra en relación directa con la concepción histórica del sentido de pertenencia. Algunas sociedades lo utilizan como sinónimo de asimilación, lo que deja de lado la idea de la diversidad, para enfatizar la idea de la igualdad. Para otras sociedades, la integración supone la aceptación de un multiculturalismo o pluralismo, que se caracteriza por la protección y el respeto a la diversidad cultural dentro de un marco de pertenencia compartida. Así el modelo de integración- asimilación tiende hacia la monoculturalidad y el modelo de integración – pluralismo se inclina por un reconocimiento del multiculturalismo.

El principio del siglo XXI ha venido marcado por la preocupación sobre los procesos migratorios, como un fenómeno novedoso,

como si se tratara de una enfermedad del sistema, signo del modernismo o del postmodernismo. Sin embargo, resulta obligado aclarar que la inmigración y la interculturalidad no son un fenómeno reciente, es decir la monoculturalidad no puede ser considerada más que un mito aceptado por la modernidad europea, entendiendo la cultura de una manera ciertamente singular.

Prácticamente todas las sociedades se han construido a partir de la fusión de las diferentes culturas intergrupales que conviven en el seno de un mismo espacio geográfico. Fusiones, a su vez, generadoras de nuevas mezclas culturales y de la aparición de nuevos grupos sociales. En consecuencia puede afirmarse, que prácticamente todas las sociedades han sido y son, inevitablemente, espacios de inmigración y, por tanto, por definición plurales, interculturales, y formadas a partir de un tejido entramado por los diferentes “hilos culturales” aportados por los grupos que van surgiendo de aquellos.

La llegada de la globalización hizo pensar que nos encaminábamos hacia una cultura mundial más homogénea, sin embargo, ha sido en esta época donde se ha dado un aumento de la sensibilidad frente a las diferencias. La globalización ha generado un nuevo orden de estratificación mundial, que profundizado la brecha de desigualdad entre países , estimulando los flujos de personas en movimiento de un país a otro, dando lugar a movimientos migratorios definitivos que necesita respuestas adecuadas sociales y jurídicas. Es decir, no sólo interesan los temas de control de fronteras y seguridad, sino y sobre todo los procesos de integración de los inmigrantes en las sociedades. A pesar de la recomendación en la normativa (tanto la española como la europea) prevalece cierto carácter “utilitarista”.

Considerando que toda política de integración debe llevar aplicado el corolario de la interculturalidad, en el sentido de reconocimiento de que toda interacción continuada entre personas o grupos procedentes de diferentes culturas provoca, inevitablemente, un impacto cuyo resultado es una nueva cultura  producto del ensamblaje entre valores, costumbres, usos símbolos y modos de entender la realidad social.

Integración ha de ir asociada a la interculturalidad. Un proceso que fomente en todos (nacionales e inmigrantes) un núcleo de valores humanos inquebrantables, pero donde, a su vez, prime la persona . Una integración con interacción constructiva y enriquecedora para todos los grupos que conviven, que quizás obligue a revisar nuevos conceptos cargados de viejos contenidos como el de ciudadanía.

La idea de “vieja Europa” hoy es más vigente que nunca. Vieja en el sentido del envejecimiento demográfico al que nos enfrentamos. Toda la sociedad envejecida carece de la savia nueva que dinamiza la evolución y la transformación social y que corre el riesgo de perecer. Más allá de la necesidad que Europa tiene de fuerza de trabajo extranjero, para seguir impulsando el motor económico, la inmigración representa una oportunidad para el rejuvenecimiento de las sociedades, el enriquecimiento recíproco entre nacionales e inmigrantes y ¿por qué no? Un acto de justicia social.

Eva María Estaún



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